
Me escabullí a los años setenta, y la encontré mirando fijamente al general, sin mostrar expresión alguna para que los futuros degollados de sus alrededores no volaran hacia su perímetro y destrozaran sus cienes.
dos mil nueve; Realidad, y sigue viva, gritándonos y estorbando nuestros pasos juveniles y despreocupados con un uniforme corrupto y palabras de poco aliento.
Tres mil cuatrocientos siete; ¿Qué importa?
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