
En Ungría no es necesario usar orejeras para mantener intacto el inaudible sonido.
A pesar de que el pueblo estuviese embriagado con el status quo del frío nocturno, las cafeterías resguardaban ese cálido esplendor otoñal, que todos ansiábamos hace mucho.
-Lennon hubiese estado orgulloso, Paul.
-¿Tú crees? Aún lo extraño.
-También yo, McCartney, también yo.
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