
Alicia yacía postrada sobre el pequeño asiento que acompañaba a su piano de cola, tocando las mas sombrías notas que se escucharon en ese invierno.
Su rostro era una señal de auxilio aterradora carente de emociones cálidas y sus manos un flujo de frialdad acompañada de la genialidad musical que expresaban.
Sus ojos permanecían cerrados mientras hacía de las fríbolas notas, una de las más descriteriadas y dolorosas melodías.
El invierno jamás fue tan inconsciente.
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